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¡La Navidad también contamina!

La Navidad es sinónimo de fiesta, felicidad y reencuentro pero, ¿te has parado a pensar lo negativa que es para el medioambiente? Te contamos los tipos de contaminación que encontramos en una de las épocas favoritas del año:

 

Contaminación por residuos

 

Durante las fechas navideñas el consumo aumenta, y con ello, la generación de residuos. En fechas puntuales como Navidad, Año Nuevo y Reyes, la producción de desechos se incrementa en un 20%, según datos de la revista Residuos Profesional.

 

Los residuos son de todo tipo: envases de diversos materiales, envoltorios y cajas de papel y cartón, alimentos, pilas, todo tipo de productos plásticos de usar y tirar… Si no se reciclan y tratan de forma adecuada, su impacto puede ser considerable. Uno de los ejemplos más llamativos es el de la contaminación de los océanos, cuya biodiversidad tiene que vivir cada vez más rodeada de basura.

 

Contaminación lumínica

 

Una de las imágenes más populares de la Navidad es la de nuestras ciudades engalanadas con una iluminación cada vez más sofisticada, con todo tipo de motivos y colores navideños. La sustitución de las bombillas incandescentes por luminarias LED – hasta un 90% más eficientes que aquellas – podría suponer un ahorro de energía, pero también lo que los expertos llaman “efecto rebote”: al tener la sensación de que consumen menos, se tiende a aumentar su uso, de manera que el consumo energético crece. En este sentido, el uso de la iluminación navideña ha aumentado en los últimos años, tanto en extensión, como en cantidad o en horas de encendido.

 

Además del consumo de energía, con su relación directa en el cambio climático, la contaminación lumínica conlleva diversos impactos. Según diversos estudios científicos, el aumento de la cantidad y la intensidad de luz por la noche produce diversos problemas para la salud, como trastornos en el sueño y el crecimiento, estrés, u obesidad. Algunos estudios incluso lo asocian a una mayor incidencia de la polución atmosférica, ya que reduciría la capacidad de limpieza natural nocturna de las partículas contaminantes de óxido de nitrógeno.

 

En cuanto a sus efectos ambientales, la contaminación lumínica produce un desequilibrio de la flora y la fauna, que se rige por los ciclos naturales de luz y oscuridad. Asimismo, la luminosidad urbana hace que perdamos la posibilidad de contemplar el cielo estrellado.

 

Contaminación del aire

 

En Navidades el uso del coche aumenta, asociado a un mayor consumo de productos o por los compromisos de comidas y cenas festivas. Y hay que recordar que el tráfico rodado es el principal causante de la contaminación atmosférica urbana. La mala calidad del aire, según los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a prácticamente toda la población mundial, y provoca diversos efectos nocivos para la salud y el medio ambiente. En este sentido, evitar en lo posible el uso del vehículo privado, sustituyéndolo por el transporte público, es una de las principales medidas que podemos realizar.

 

En definitiva, los ecólatras podemos evitar, o al menos disminuir en gran medida, las diversas maneras de contaminación generadas en Navidades. Muchos son las acciones que podemos llevar a cabo, pero podríamos resumirlas con las famosas tres erres, en este orden de importancia: R de reducir, para pensar antes de comprar y consumir solo que necesitamos realmente, evitando los productos de usar y tirar; R de reutilizar, para aprovechar al máximo los productos, utilizándolos tantas veces como podamos, tanto nosotros mismos como otras personas al compartirlos, intercambiarlos, o con la compra venta de segunda mano; y la R de reciclar, depositando los productos en su contenedor correspondiente cuando han llegado al final de su vida útil.

 

 

 

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